martes, 21 de octubre de 2008

Los Misterios De La Luna










La Luna, nuestro único satélite, ha llenado a los seres humanos de fascinación e impotencia... en una civilización prepotente, que domina y maltrata el medio ambiente en el que vive, la existencia de un astro omnipresente, cercano, pero a la vez, tan lejano, ha sido un continuo punto de referencia... y de leyendas. Comenzamos aquí una serie de reportajes dedicados a los mitos que venido originado en todas las civilizaciones, desde las historias clásicas, a los misterios generados por los viajes espaciales.

Precisamente empezaremos por aquí nuestro viaje al corazón de la Luna. Durante finales de los años sesenta, y principios de los setenta se llevó a cabo un ambicioso proyecto para situar varias tripulaciones norteamericanas en ella y llevar a cabo diversas pruebas científicas y recogidas de materiales. Muchos son los autores y articulistas que, con más o menos base, afirman que no todo lo ocurrido en los viajes espaciales fue dado a conocer al público. Entre ellos, Timothy Good explica en su libro “Mother Ships” que durante la misión del Apolo XI Neil Armstrong y Edwin "Buzz" Aldrin observaron OVNIS sobre la superficie al poco tiempo de haber aterrizado el 21 de noviembre de 1969. Todo el mundo pudo oír en aquellas fechas una comunicación entre Neil y el mando de la misión en la Tierra en la que se afirmaba que se habían detectado unas luces en el borde de un cráter. La comunicación continuó en otro canal, de modo que para la mayoría de los que en ese momento permanecían a la escucha todo quedó ahí.
Sin embargo, el 1979, el empleado de la NASA Otto Binder ofreció una grabación magnetofónica, del dominio público hoy en día en la que la conversación seguía de la siguiente forma:


NASA: What's there?

Mission Control calling Apollo 11...


Apollo11: These "Babies" are huge, Sir! Enormous! OH MY GOD! You wouldn't believe it!
I'm telling you there are other spacecraft out there, Lined up on the far side of the crater edge!
They're on the Moon watching us!



(NASA: ¿Qué hay allí?
Control de la Misión llamando a Apolo XI).



Apolo XI: ¡Esos chicos son grandes, Señor!, ¡enormes!. ¡Dios mío!, ¡No se lo va a creer! Le estoy diciendo que hay otra nave espacial allí fuera... ¡Se está alineando en el lado alejado del borde del cráter! ¡Están en la luna y nos están mirando!)


NASA: ¿Qué... ?¿Qué diablos pasa?.-


Apolo XI: Estamos los tres aquí. Pero hemos encontrado visitantes... Por las instalaciones, parece que han estado aquí desde hace mucho tiempo... Digo que ahí fuera hay aparatos espaciales. Están alineados al otro lado del cráter...


El mismo 1979, Maurice Chatelain, anterior Jefe de Comunicaciones de la NASA informó de que en aquellas fechas los sistemas confirmaron que Armstrong había informado del avistamiento de dos naves en el margen del cráter: “El encuentro era de conocimiento común en la NASA, pero nadie había hablado de él hasta ahora”.
Por su parte, los científicos soviéticos fueron los primeros en confirmar estos hechos: “Según nuestra información, el encuentro fue informado inmediatamente después del desembarco del módulo lunar”, afirmó el Dr. Vladimir Asaza, físico y profesor de Matemáticas de la Universidad de Moscú. “Neil Armstrong reveló en el mensaje al Control de la Misión que dos objetos grandes, desconocidos, le estaban observando después de haber aterrizado el módulo en la Luna”.
Maurice Chatelain ha confirmado que las emisiones de radio del Apolo XI se interrumpieron en varias ocasiones de forma premeditada para esconder determinadas noticias del público.
Antes de ser despedido de la NASA, Chatelain era una personalidad en la industria aeroespacial y el programa espacial norteamericano. Su primer trabajo fue en Francia como ingeniero electrónico en Convari, especializándose en telecomunicaciones, telemetría y radar. El año 1959 fue nombrado responsable de un grupo de investigación sobre el electromagnetismo para la empresa Ryan. Una de sus patentes más importantes fue un sistema de radar automático que permitía aterrizajes mucho más sencillos, y que fueron utilizados en las misiones lunares. Años después se ofreció a la aviación norteamericana para diseñar y construir los sistemas de comunicaciones y proceso de datos de las misiones Apolo.
Su sólida carrera da un cierto peso específico a sus afirmaciones. También ha manifestado que “todas las misiones Apolo y los vuelos de la serie Gémini eran seguidos, a una cierta distancia, y en ocasiones bastante de cerca, por vehículos espaciales de origen extraterrestre. Cada vez que ocurrió los astronautas informaron al Mando de la Misión, que pedía silencio absoluto”.
Aun más, en sus propias palabras “Walter Schirra, a bordo del Mercurio VIII fue el primero de los astronautas en usar el código “Santa Claus” para indicar la presencia de platillos volantes junto a las cápsulas. Sin embargo, sus anuncios apenas tuvieron trascendencia en el público general. Algo diferente ocurrió cuando James Lovell, a bordo del módulo Apolo VIII, tras circunvalar la Luna, dijo claramente ‘Por favor, informo que he visto a Santa Claus’. Aunque esto ocurrió en la Navidad del año 1969 algunas personas intuyeron algún significado oculto en sus palabras”.

Los rumores persisten, pero siempre se quedan en eso... Ninguna prueba mínimamente sólida viene a corroborar lo que siempre son palabras.... ¿Podemos creer, sin ninguna prueba a favor, en teorías extraterrestres lunares?. Si resulta complicado demostrar la existencia de los contactados en la Tierra, más difícil se vuelve el asunto cuando no existen evidencias del acontecimiento, y todos los testimonios proceden de personal que han abandonado la NASA. El mismo Neil Armstrong ha negado los hechos siempre que se le ha cuestionado sobre el tema de forma categórica. Esta es la prueba definitiva de que todo es una invención, afirmarán los escépticos. ¿Qué otra cosa podía decir?, se preguntarán los ufólogos.
En 1879 la Real Sociedad Astronómica Británica cursaba una insólita circular a sus miembros en la que expresaba el deseo de recibir en su sede cualquier informe de sus asociados en el que se diera buena cuenta de alguna observación anómala sobre la superficie de la Luna. La respuesta no se hizo esperar, ya que durante los dos años que siguieron a su poco frecuente solicitud, sus oficinas de Londres se vieron literalmente inundadas por una avalancha de relatos en los que se describían desde la observación de luces que recorrían el interior de ciertos cráteres, hasta explosiones volcánicas de cierta magnitud. El abultado numero de informes recibidos -que supero los ¡dos millones!- obligo a esta Sociedad a cancelar su proyecto de análisis y a no emitir ninguna opinión concluyente sobre tan escurridiza materia.
Pero lo que realmente puso de manifiesto aquella unánime reacción de los astrónomos británicos fue que ninguno de sus testimonios resultaba nuevo o extraño a los ojos de los expertos más competentes. Aunque ninguno hablara de ello. Sólo uno, en 1787, nada menos que el prestigioso astrónomo William Herschel, el descubridor de Urano, habló sin pudor de sus extrañas observaciones lunares. Herschel denunció haber visto la erupción de tres volcanes sobre la superficie de una Luna que todos sus colegas consideraban un cadáver geológico, y que las misiones Apolo así lo demostrarían casi dos siglos después... "Los he detectado -escribió en aquel entonces Herschel a contracorriente- en diferentes lugares de la parte oscura de la Luna nueva. Dos de ellos están casi ya extintos o, en cualquier caso, en estado de cercana erupción que quizás se produzca en la próxima lunación. El tercero muestra una erupción actual de fuego y materias luminosas".


Dos años después de su "confesión", otro eminente selenógrafo, el profesor germano Schroeter, declaró haber visto, sin genero de duda, "un brillante estallido de luz, que estaba compuesto de muchas chispas pequeñas y separadas (...) que se movían todas juntas en línea recta hacia el norte del Mare Imbrium y otros lugares de la superficie de la Luna".



















Cierto profesor, que desea permanecer en el
anonimato, mantuvo una conversación con Neil Armstrong durante un simposio


- Profesor: ¿Qué ocurrió realmente con Apolo 11?


- Armstrong: Fue increíble; claro, pero el hecho es que nos advirtieron que debíamos irnos. Nunca se nos dijo nada sobre una estación lunar...


- Profesor: ¿Qué quiere decir con eso de que "nos advirtieron que debíamos irnos?".


- Armstrong: No puedo entrar en detalles, excepto para decir que sus naves eran muy superiores a las nuestras en tamaño y tecnología.


- Profesor: ¡Pero la NASA envió otras misiones después de Apolo 11!



- Armstrong: Naturalmente, la NASA estaba comprometida en esa época y no podía arriesgarse a desatar el pánico en la Tierra, pero sí, fue algo rápido y de ida y vuelta.









Puentes en la Luna
Ambos relatos son irreprochables. No solo por la reconocida solvencia científica de quienes los enunciaron, sino porque se amparan dentro de una amplísima casuística de detecciones a través de telescopios de luces, cúpulas, puentes y un sinfín de registros visuales de similar grado de extrañeza, para los que la ciencia no tiene una explicación convincente alguna. En líneas generales esta clase de enigmáticas luces han recibido, en el ámbito astronómico, el nombre de FENOMENOS TRANSITORIOS LUNARES indicando claramente la naturaleza escurridiza y efímera de semejantes apariciones sobre el suelo lunar.
Comúnmente los LTPs (de sus siglas en inglés Lunar Transient Phenomena) se observan en el lado brillante de la cara visible de nuestro satélite y casi siempre se trata de luces blancas del tamaño de una estrella -aunque también hay registros de luces rojas, amarillentas y azuladas- cuya permanencia sobre la superficie varia entre unos segundos y algunos días.
Pero, como digo, el fenómeno no viene de nuevo. Desde el siglo VI hasta hoy el número de incidentes de este tipo catalogados por astrónomos privados como Winfried S. Cameron supera los dos millares, entre los que se incluyen frecuentes avistamientos de flashes intermitentes de luz, como si alguien intentara mandar una señal de morse a la Tierra.
Alguien, sí... ¿Pero quién?
Por otra parte, uno de los últimos y mas completos listados "oficiales" de LTPs, elaborado por la NASA en Julio de 1968, recoge la nada despreciable cantidad de 579 incidentes profusamente documentados entre Noviembre del 1540 y Octubre del 1967(http://www.mufor.org/tlp/1900.html).

Como sin duda el lector habrá adivinado, este asunto tiene ciertos paralelismos con el familiar misterio de los No Identificados ya que, como sucede con éstos, las evidencias testimoniales, fotográficas y -mas recientemente- fílmicas demuestran que "algo" esta sobrevolando la Luna y se desplaza ocasionalmente a lo largo de zonas muy concretas de ésta (como los cráteres Platón o Aristarco). Y por si fuera poco, también su actividad parece dispararse cuando el planeta Marte se encuentra mas cerca de la Tierra.


El fracaso de las Apolo
El 19 de julio de 1969 el modulo principal de la misión Apolo XI entraba en órbita alrededor de la Luna y comenzaba a ultimar los preparativos que permitirían que el modulo Eagle alunizara sobre la superficie de nuestro satélite dos días después. La rutina de los preliminares técnicos fue interrumpida por una llamada de Misión Central de Houston (Texas) que previno a los astronautas de algo insólito que debían tratar de comprobar: al parecer varios astrónomos aficionados habían telefoneado a la NASA para informar de que estaban viendo un fenómeno LTP en las inmediaciones del cráter Aristarco, muy cerca de la órbita de la nave estadounidense. Tras recibir la orden, Neil Armstrong, sin pensárselo un segundo, fue hacia una de las ventanillas del modulo y observó, en la cercanía de lo que creyó que era el cráter Aristarco, "un área considerablemente más iluminada que la zonas de alrededor".
"Parece que tiene algo de fluorescencia" -dijo. Sorprendentemente, tras el final de la misión, Houston no se pronunció sobre aquel avistamiento de luces extrañas durante el vuelo. Nos dejó a dos velas. Pero, eso sí, posteriores mediciones del cráter Aristarco pusieron de relieve que en la zona existían niveles de radioactividad de difícil explicación.
Desde entonces hasta hoy han pasado ya más de tres décadas. En aquellos épicos días de la llegada del hombre a la Luna muchos astrónomos creyeron ingenuamente que los astronautas de las misiones Apolo despejarían las incógnitas nacidas a la luz de sus observaciones nocturnas. Pero pocas esperanzas se demostraron tan infundadas como ésta.
En definitiva, se encontraron con un satélite "muerto". Poco excitante. Por otra parte, el casi un tercio de tonelada de tierra y piedras lunares que trajeron consigo a la Tierra, así como sus filmaciones y mediciones sobre el terreno, después de haber sido analizadas concienzudamente en los laboratorios de la NASA norteamericana, no solo ratificaron las impresiones de los astronautas sobre la esterilidad de aquel mundo, sino que ayudaron a sumar nuevos y aun más incómodos interrogantes a la larga lista ya confeccionada desde Tierra. Por ejemplo, las misiones Apolo determinaron la existencia de un campo magnético irregular alrededor de la Luna, que incluso se puede encontrar aún en los materiales "exportados" del satélite. No está claro cómo pudieron originarse semejantes índices de magnetismo en este pequeño cuerpo astronómico, incapaz de contener un núcleo de metal caliente o fundido. Pero además -según señalaron los propios ingenieros de la NASA- la Luna tampoco gira suficientemente veloz como para crear un efecto dinamo sobre los minerales lunares.
En junio de 1985 el investigador norteamericano William Corliss hizo acopio de estas y otras "irregularidades" no resueltas por la Agencia Espacial norteamericana en el transcurso de sus proyectos Lunar, Orbiter y Apolo, enunciando en su obra The Planet Moon, hasta sesenta fenómenos extraños relacionados con la Luna. Entre las categorías mas espectaculares se encuentran las que hacen referencia a su órbita irregular y que han pretendido explicarse gracias a perturbaciones gravitacionales de origen no identificado.
La mas seria de estas perturbaciones es el alejamiento progresivo de la Tierra y nuestro satélite. Algo que a decir de los expertos pone en evidencia la fragilidad gravitacional Tierra-Luna, al tiempo que valida la teoría de que Selene se "casó" con nuestro planeta hace varios miles de años y que por lo tanto, corre el serio riesgo de volver a escaparse de nuestro lado en cualquier momento... Vaya, como en los mejores matrimimonios. O, lo que es peor, podría terminar por impactar contra este cálido punto azul. "Algún día -especifica Corliss en su trabajo- en el futuro, podríamos perder la Luna y esta podría terminar convirtiéndose en un planeta por derecho propio".


Fotografias con anomalias



Este es el cráter Uker, en el se encuentra un triángulo perfecto de 28 Km, Uniendo las tres áreas mas nítidas del borde del cráter se forma otro triángulo equilátero, este cráter se encuentra cerca del centro de la Luna y es perfectamente visible con un pequeño telescopio



































Esta foto es de una zona llamada Shard, fíjese en la sombra de la izquierda.

La cruz que aparece en la foto es debida a una marca de la cámara.
A la izquierda del Shard, otra anomalía se fotografío.
















Después de muchas pruebas de todo tipo a los negativos, se llego a la conclusión de que era un cubo sobre una torre que se elevaba a mas de 12,5 Km sobre la superficie de la Luna.



























En esta fotografía del Mare Crisium se pueden apreciar varias anomalías.
A la izquierda de la foto se puede apreciar un extraña espiral de mas de 30 Km y un pequeño domo sobre la superficie del Cráter Picard.




























Esta puede ser una fotografía de un extraordinario domo que cubre la región lunar llamada Sinus Medii.

Fue tomada por la sonda no tripulada Surveyor 6, el 24 de Noviembre de 1967, una hora después de la puesta de sol.






















Otra extraña forma sobre la Luna, esta vez la foto fue tomada el 20 de Julio de 1965 por una sonda soviética no tripulada llamada Zond 3.


La estructura tiene 18 Km de altura.
Esta foto con el número de catálogo 4822 fue tomada por el Apolo 10. Fijarse en el gran reflejo en comparación a las zonas circundantes.








Esta foto plantea un misterio, por que según parece la NASA tiene oculta un sucesión completa de imágenes de esta zona.

















El astronauta Ed Mitchell del Apolo 14 , enfocan la cámara de televisión hacia Fra Mauro.....

Aparentemente olvidando que allí aparece una compleja estructura en forma tridimensional.
Despues de leer este reportaje, en que piensas? Que preguntas acuden a tu cabeza?
Estamos solos en el universo?
Hay antiguas ruinas en la Luna?
Nos esta ocultando el gobierno la existencia de otra realidad diferente?
Conocemos ese satelite que vemos todas las noches y que parece tan cercano pero a la vez tan inalcanzable?
De momento no se sabe a ciencia cierta pero hay una cosa segura, no todo es como pensamos y conocemos, hay muchos misterios y enigmas en el mundo por resolver y estan esperando a que se conozca su existencia.
Yaiza ** Drak Moon **

2 comentarios:

Javier dijo...

Y te has olvidado de una cosa, sabe a quessoooooooo!!!!!!!
es broma, esta muy chulo, te has esmerado un monton sigue así

Yaiza dijo...

Muchas gracias!! ^^